Estrés Docente

“Todas las personas experimentamos alguna forma de estrés. Esta es la manera que tiene el cuerpo de responder cuando nos enfrentamos a una situación de riesgo, un choque emocional o cuando nos abruman las constantes demandas de la vida.”

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El estrés es un  fenómeno que va en aumento, afectando el bienestar físico y psicológico del individuo. La carga de trabajo y la falta de tiempo perjudican el desempeño y la satisfacción laboral del docente (Cirera, Aparecida, Rueda, & Ferraz, 2012).

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 25% de los 75 mil infartos al año que se registraron en México son ocasionados por estrés laboral, actualmente el 75% de la población padece de estrés en los diferentes ámbitos laborales, posicionándose en 1º lugar a nivel mundial (Nieto & López-Martin, 2015).

La docencia se puede considerar como una de las profesiones que tienden a presentar un alto riesgo de estrés, esto debido al entorno de trabajo en el que se desempeñan, al ritmo acelerado de vida que llevan, la carga de trabajo, el tiempo insuficiente y las demandas sociales que le impiden realizar actividades que no logran superan sus expectativas, repercutiendo en la salud y calidad de vida (Ganin, 2013).

En nuestra sociedad, la educación tiene como función la socialización y la formación integral del individuo, recayendo toda responsabilidad en las instituciones educativas, por lo tanto el docente funge un papel importante en la formación académica del alumno, con sus acciones ayuda a construir conocimientos (León, 2011), ya que al propiciar una enseñanza de calidad logrará aprendizaje en el alumnado, la formación del docente, sus actitudes, sus concepciones sobre la enseñanza y el desempeño del mismo se vinculan al rendimiento escolar (Flores, 2017).

Estudios revelaron que los profesores en comparación con otras ocupaciones altamente estresantes, experimentaban una menor satisfacción en el trabajo y una salud mental más pobre comparada con la experiencia del estrés laboral. En uno de los estudios se evaluaron tres variables relacionadas con el estrés (bienestar psicológico, salud física y satisfacción laboral), los resultados revelaron que los maestros se reportaban más estresados con respecto al bienestar físico y psicológico y con niveles más bajos de satisfacción laboral (De Simone, Cicotto, & Lampis, 2016).

La edad y los años de experiencia profesional pueden ser algunos factores contribuyentes al riesgo psicosocial. Estudios revelaron que docentes más jóvenes y con poca experiencia laboral presentaban grados más elevados de estrés por no haber adquirido experiencia necesaria para controlar el trabajo y control de grupo (Galdeano, Godoy y Cruz, 2007).

En la mayoría de las instituciones educativas, desafortunadamente el bienestar emocional de los docentes respecto a las condiciones laborales es un aspecto que todavía no es muy bien entendido pero sobre todo no atendido, los profesores como figura principal en las escuelas están sujetos a serie de cambios debido a la transformación social de la enseñanza a través de la modernización educativa (Ruiz, 2016).

En México las autoridades educativas no tienen programas preventivos ni compensatorios en relación a esta problemática, se delega el asunto al ISSSTE y no existe registro de la cantidad de casos de enfermedades que puedan ser provocados por los niveles de estrés que presente un profesor (Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, 2013).

Se realizó un piloto con docentes de diferentes niveles educativos y distintas zonas de Nuevo León con el objetivo de identificar el nivel de estrés que presentan los docentes, así como también conocer si los contenidos de la escala de estrés docente son apropiados y entendibles por los profesores.

La muestra estuvo conformada por 39 profesores (56.4% mujeres y 43.6% hombres), de los niveles preescolar (10.3%), primaria (46.2%), secundaria (33.3%), y licenciatura (7.7%). El 76% de los participantes trabajan en la zona metropolitana de Monterrey.

Se utilizó la Escala de Estrés Docente (Fimian, 1984) traducido al español, escala likert de 1 al 5 (Nunca – Siempre), consta de 49 ítems divida en 10 factores: administración de tiempo, factores de estrés en el trabajo, angustia profesional, disciplina y motivación, inversión profesional, manifestaciones emocionales, manifestaciones de fatiga, manifestaciones cardiovasculares, manifestaciones gastrointestinales, manifestaciones de comportamiento.

La aplicación se realizó de manera electrónica previo consentimiento informado.

De acuerdo a los resultados el 31% de los docentes participantes presentan un nivel de estrés significativo, el 64% se encuentra en nivel de estrés moderado y el 5%  poco significativo.

Diapositiva1Los factores mas significativos son administración de tiempo 14%, factores de estrés en el trabajo 13%, angustia profesional 12%, manifestaciones de fatiga 11%, disciplina y motivación 11% e inversión profesional 10%.

 

Diapositiva2En base a estos resultado se puede decir que los docentes identificados con niveles altos de estrés se encuentran muy sumergidos en su entorno laboral,  dejando a un lado otros intereses, no es suficiente el tiempo para realizar aquellas  actividades que la profesión le demanda, así como también el presentar fatiga por exceso de trabajo, sentirse agotado físicamente y emocionalmente ante la presión de papeleo que se le solicita y que a su vez encuentre en su entorno laboral situaciones no del todo satisfactorias, por ejemplo el control de grupo, el manejo de contenidos de la materia que imparte, entre otros.

Referencias 

Cirera Oswaldo, Y; Aparecida Dias, E; Rueda Elias Spers, V; Ferraz Filho, O; (2012). Impacto de los estresores laborales en los profesionales y en las organizaciones análisis de investigaciones publicadas. Invenio, 15() 67-80.

De Simone, S., Cicotto, G., & Lampis, J. (2016). Occupational stress, job satisfaction and physical health in teachers. Revue Européenne de Psychologie Appliquée/European Review of Applied Psychology, 66(2), 65-77.

Fimian, M. J. (1984). The development of an instrument to measure occupational stress in teachers: The Teacher Stress Inventory. Journal of Occupational Psychology, 57(4), 277-293.

Flores,  J. G. (2017). Características del profesorado y desempeño docente en aulas con alumnado de bajo nivel socioeconómico. Revista de Investigación Educativa, 35(1), 133-150.

Ganin N, K. (2013). Análisis de la relación entre las condiciones intrínsecas del trabajo y el Síndrome de Burnout en una muestra de docentes de Educación General Básica y Bachillerato de la ciudad de Guayaquil. Trabajo de Titulación previo a la obtención del Título de: Ingeniero en Administración y Marketing Estratégico. Universidad Casa Grande. Facultad de Administración y Ciencias Políticas. Guayaquil, 60.

Galdeano, H., Godoy, P., & Cruz, I. (2007). Factores de riesgo psicosocial en profesores de educación secundaria. Arch Prev Riesgos Labor, 10(4), 174-180.

Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América (2013). El estrés laboral en los docentes de educación básica: factores desencadenantes y consecuencias. México. Recuperado de: http://optisnte.mx/el-estres-laboral-en-los-docentes-de-educacion-basica-factores-desencadenantes-y-consecuencias/

León, G. L. (2011). Los profesionales de secundaria, como factores de riesgo en el síndrome de Burnout. Revista Electrónica Educare, 15(1), 177-191.

Nieto, D. A., & López-Martín, E. (2015). Satisfacción laboral del profesorado de educación secundaria. Revista de Investigación Educativa, 33(2), 435-452.

Ruiz, T. J. A. (2016). El bienestar emocional del docente. Revista de Educación Inclusiva, 9(2), 183-194.

El estigma hacia la Esquizofrenia: ¿mito o realidad?

El día de hoy me gustaría hablarles de un tema que está lleno de mitos y algunas creencias que no suelen ser tan ciertas. La mayoría de ellas son alimentadas y fomentadas por la cultura popular, la televisión, las fantasías y a veces hasta nuestros propios temores. El tema al que me refiero es la enfermedad mental, específicamente la Esquizofrenia. Algo que por mucho tiempo fue negado como enfermedad y confundido con otras cosas como posesiones, hechicería, embrujos, castigo divino, entre muchas otras cosas.

Como algunos saben, los trastornos mentales están presentes en todas las regiones del mundo y contribuyen en el deterioro funcional de la población y en la morbilidad y mortalidad prematura, es decir, en que tanto se enferman y fallecen  las personas a una edad menor a la esperada.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud [OMS] (IEM & OMS, 2011) una de cada cuatro personas sufrirá al menos un trastorno mental a lo largo de su vida, y aproximadamente un 14% de la morbilidad mundial es atribuible a este tipo de padecimientos. En nuestro país, la incidencia de trastornos psiquiátricos es elevada, según la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica Mexicana, el 28% de la población general presenta un trastorno mental (Medina-Mora et al., 2003). Otros estudios han estimado que el 15% de la población adulta padece algún trastorno mental, de los cuales sólo el 3% llega a ser atendido por un médico especialista (Campuzano, Hernández-Álvarez, González & Hernández-Girón, 2014).

La esquizofrenia es un trastorno mental con un amplio rango de síntomas y un curso variable, que usualmente afecta a jóvenes adultos produciendo alteraciones en su funcionamiento psicosocial a través de la vida (Frith, 1992; Janicak et al.,  2014). Se ha estimado que la prevalencia de la esquizofrenia oscila del 0,3% al 0,7%, debido a las variaciones según la raza o grupo étnico (APA, 2014).

Es importante tener en cuenta que las enfermedades mentales tienen consecuencias sociales y económicas relevantes; tanto para quienes las padecen, como para sus familiares y la comunidad a la que pertenecen. Asociándose como causa de un alto porcentaje –del 70 al 90%- del índice de desempleo mundial (IESM & OMS, 2011; Medina-mora et al., 2003).  Esto convierte a los pacientes con padecimientos psicológicos y psiquiátricos en un grupo sumamente vulnerable, cuyas características favorecen su marginación y la desigualdad en cuanto a oportunidades a lo largo de la vida.

Es por esto que surgió en mí el interés de indagar lo que pudieran estar creyendo los jóvenes que se encuentran en formación y que invariablemente les tocará tratar con estar personas. Por tanto, decidí elaborar una breve encuesta sobre creencias hacia la Esquizofrenia, y me encontré con resultados interesantes que a continuación les comparto.

De un total de 21 participantes, todos fueron estudiantes universitarios del primer al tercer semestre de las carreras de psicología y medicina. El 76% fueron mujeres y el 24% hombres y sus edades se encontraban entre los 18 y 26 años.

Se les pidió que indicaran que tan de acuerdo se encontraban con 10 aseveraciones relacionadas a creencias negativas sobre los pacientes con esquizofrenia.

El 66% de los estudiantes opinaron que la esquizofrenia es una enfermedad que no tiene cura y que debería ser tratada principalmente por un psiquiatra o médico.

La mayoría (90%) se encontraba en desacuerdo respecto a que las personas con esquizofrenia deberían de trabajar únicamente con otras personas con enfermedad mental. Así mismo, un alto porcentaje considera que las personas con esta enfermedad mental pueden ser capaces de trabajar, mantener una relación de pareja y vivir en familia (66%), y que pueden llegar a ser autosuficientes (47%).

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En cambio, entre el 80 y el 90% de los encuestados opino estar fuertemente en desacuerdo respecto a que las personas con esquizofrenia deberían de estar alejados de la convivencia con menores, y consideran que no suelen ser personas peligrosas ni que incurran frecuentemente en problemas legales.

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Con esto, podemos ver como en su generalidad los estudiantes que contestaron la encuesta tienen una opinión cargada hacia el polo positivo, es decir, tienen una opinión más benévola y humanista de la esquizofrenia. Por lo que podríamos suponer que tendrán una menor propensión al estigma de estos pacientes.

Estos resultados son alentadores, ya que si consideramos que los encuestados son jóvenes de los primeros semestres de la carrera y que, aunque tienen una preferencia por el área de salud, aún no se encuentran tan adoctrinados en lo que la promoción de la salud mental y la concientización sobre este tipo de enfermedades se refiere. Si no, que sus creencias podrían estar aun influidas por su entorno familiar y cultural. Lo que nos lleva a la hipótesis de que posiblemente a nivel social, exista un cambio pequeño hacia la integración de las personas que sufren esta enfermedad versus su marginación.

Por tanto, será interesante poder continuar este estudio en población general y poder contrastar los resultados, para poder comprobar que realmente como sociedad nos encontremos cambiando de postura hacia una más inclusiva.

 

Referencias Bibliográficas:

APA [American Psychiatric Association]. (2014). Manual Diagnostico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5). 5º edición. España: Editorial Médica Panamericana.

Campuzano, J., Hernández-Álvarez, A., González, M. & Hernández-Girón, C. (2014). Tendencia de la mortalidad por trastornos mentales: un panorama epidemiológico en México. Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM, 57(3), 22-30.

Frith, C. (1992). The Cognitive Neuropsychology of Schizophrenia. U.K.: Lawrence Erlbaum Associates Publishers. ISBN: 0-86377-224-2

IESM, & OMS. (2011). Informe sobre el sistema de salud mental en México (IESM-OMS). Mexico: OPS/OMS.

Janicak, P., Marder, S., Tandon R. & Goldman, M. (2014). Introduction-Clinical Features. En Tandon, R. & Goldman, M. (eds.) Schizophrenia, Recent Advances in Diagnosis and Treatment. pp.3-12. NY : Springer ISBN: 978-1-4939-065-7 DOI: 10.1007/978-1-4939656-7

Medina-Mora, M., Borges, G., Muñoz, C., Benjet, C., Jaimes, J., Bautista, C. & Ruíz, J. (2003). Resultados de la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica en México. Salud Mental, 26(4), 1–16.