Fin de semestre

Complicado es hacer investigación. Escuché por ahí decir que el método debe servir al problema y no al revés.

Para mí todo esto es “nuevo”: esquematizar, sintetizar, citar con formato APA y dar sustento teórico- empírico a las propuestas. Todo esto me ha costado  esfuerzo durante mi experiencia como estudiante de la maestría en Ciencias con Orientación en Cognición y Educación.

En el comienzo me fue complicado seguir el hilo esquematizado de la ciencia. Aun me cuesta el orden metodológico, parte a causa de mi personalidad, y quizá también como fruto de mi formación en psicología  dentro del área clínica.

Una maestría  exige fortaleza; es  difícil mantenerse firme cuando las cosas no marchan bien. Pero hay “motivos” que salvaguardan. En mi caso son los que me impulsan en todo momento, con títulos o sin ellos, dentro del aula o no; lo que me motiva es el conocer. No pretendo tomar partidos ni casarme con teorías, sino mantener la duda, proponer, e intentar crear algo con ella.

Sin embargo, a diferencia de lo que creí algún día de la “psicología científica”, me he llevado algunas sorpresas, porque es así: “Saber” de ese arte de la ciencia, esas maneras de hacer-deshacer  ideas, para que no queden solo intenciones; saber proponer constructos internos y mezclarlos con  otras propuestas, y entonces intentar construir  para lo social, lo humano.

La psicología en nuestra Universidad necesita disciplina, interés, amor, piezas fundamentales del logro académico y personal. Lo que nos queda como alumnos es el intento sostenido, no flaquear, sacar la casta en los momentos difíciles, en esos en lo que te sientes incompetente, que sabes que no sabes mucho ni nada, cuando todo se confunde más en tu cabeza y tristemente te reconforta el saber que todos lo que pasan por un posgrado tienen experiencias similares, y eso es señal de buen camino, pues del caos y la confusión también se germina.

Mi tema de investigación es en la línea de desarrollo infantil, específicamente en el área de memoria autobiográfica en su momento de emergencia y desarrollo inicial. Es un tópico que me apasiona. Hace referencia a esa capacidad humana, la de más alto logro filogenético y ontogenético, esa capacidad de viajar en el tiempo mental. Implica la identidad, la narrativa de vida; la delimita un contexto sociocultural.

El tema (desde lo cognitivo-conductual) no está muy trabajado en nuestro país, y me siento contenta de estar en tierra joven y fértil. Investigar acerca de este tema me ha ayudado a trabajar la paciencia,  pues Roma no se hizo en un día.

Independientemente de no tener la tesis lista en este “momento de entrega” con números y estadísticas,  tengo dudas, que me despiertan  propuestas, las que aprenderé a fundamentar más a fondo y de manera esquematizada como le gusta a la ciencia, para conquistarla, para “pretenderla”, para enamorarla.

Justo  hoy estoy en Buenos Aires, en el CIIPME, que es un centro de investigación importante por acá. Realizo una pasantía de investigación y me siento contenta de estar aprendiendo de gente experimentada.  También creo que la construcción del conocimiento en nuestro campo, el de la psicología,  se fragua lento. Y más cuando se pretende “hacer algo” con lo que se investiga. Ahora realizo investigación básica, pero yo pretendo la aplicada. Eso me motiva; aunque no sea inmediato, sé que llegará.

A los compañeros que estén pensando en hacer una maestría, no lo duden tanto, es una experiencia importante de construcción interna, llena de retos, que una vez cumplidos seguro llenan de alegría y orgullo.

Solo un detalle, háganse la pregunta ¿Para qué quiero una maestría? ¿Para lograr estatus? ¿Para obtener una mejor paga? ¿Para conocer? ¿Para qué? ¿Por qué? …………………………………………. Estoy casi segura que su respuesta será un predictor del matiz de la experiencia y  sus resultados.

¡Saludos desde acá!

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